¿A quién pertenece la belleza?
Quizá la belleza no pertenezca a nadie. Pero ¿qué pasa con los objetos que los museos han elevado al rango de grandes obras de arte y que son su orgullo? ¿Pertenecen al lugar donde nacieron, a la cultura cuyo genio encarnan, a quienes se los apropiaron, o a la humanidad entera, que solo accede a ellos a través de instituciones dedicadas a su conservación? Y si es lo último, ¿cómo justificar que solo algunos puedan disfrutar de este patrimonio universal? Bénédicte Savoy nos propone empezar por el principio: seguir el rastro concreto de esos objetos, preguntándose cómo llegaron hasta nosotros y qué revelan sus trayectos sobre nuestra historia...
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